Hoy en día, cualquier turista que esté de paso por
Barcelona, tiene programada en su agenda una visita al mercado de “La
Boquería”. Esta es una visita obligada que aparece en todas las guías
turísticas de la ciudad.
La pregunta es: ¿se puede visitar la Boquería cualquier
día? Sí, se puede, pero no es recomendable hacerlo el día 15 de julio,
especialmente al atardecer, a no ser que a uno le gusten las emociones fuertes
y los contactos con el más allá.
Se cuenta que en la Edad Media, el lado derecho de La
Rambla, que es donde se encuentra el mercado, estaba lleno de conventos,
monasterios e iglesias.
Allá por el mes de julio del año 1835, tuvo lugar una quema
de varios de aquellos conventos. Uno de los conventos que fue pasto de las
llamas fue el convento de San José, de la orden de los Carmelitas Descalzos. Este
convento era uno de los que despertaba más hostilidad, puesto que se decía que
tras sus muros ocurrían hechos siniestros. Este edificio religioso, se
encontraba exactamente donde actualmente se encuentra el mercado de San José,
más conocido como La Boquería.
Durante los últimos años de la existencia del convento,
los frailes, poco a poco habían dejado de cumplir las obligaciones propias de la orden. Así pues, aquel fatídico año de
1835, la situación llegó al límite cuando la comunidad decidió no celebrar la
festividad de su patrona, la Virgen del Carmen, sin que casi nadie estuviera en
desacuerdo con tal decisión.
Solamente un joven
fraile, recién ordenado, se atrevió a mostrar su desacuerdo, y advirtió
de las consecuencias negativas que traería la decisión que los frailes habían
tomado.
La noche anterior a la festividad de la Virgen del Carmen
(el 15 de julio), mientras los frailes dormían, unos acordes lejanos, como si fueran
un remotísimo eco, empezaron a surcar el aire, a introducirse por las escaleras
y el claustro hasta llegar a las silenciosas celdas donde descansaban los
monjes. Era el sonido de unas graves y distantes voces que parecían surgir de
un abismo, al mismo tiempo que su volumen iba creciendo y elevándose hasta
convertirse en un sonido ensordecedor, un verdadero grito de voces profundas y
solemnes que entonaban versículos y salmos en un tono de lamento desesperado.
Todos los frailes, se despertaron sobresaltados y, aún
adormilados, corrieron hacia la iglesia que era de donde procedía el sonido.
Al llegar, vieron que el coro de la iglesia había sido ocupado
por otros frailes de aspecto siniestro, con rostros demacrados y cadavéricos
que se escondían bajo las capuchas de sus hábitos, cantando unos salmos
misteriosos.
Llenos de sorpresa y temor, los frailes esperaron el
final de los cánticos. Entonces, aquellos monjes que estaban en el coro de la
iglesia, encendieron un cirio cada uno y se dirigieron en fila india al
cementerio del convento entonando nuevas melodías, aún más pavorosas que las
anteriores.
Llegados al cementerio, los frailes misteriosos apagaron
sus cirios y se fueron introduciendo en las tumbas abiertas, de las que emanaba
una profunda oscuridad impregnada de fétidos e indescriptibles olores.
Lentamente las lápidas se cerraron y el lugar quedó sumido en un silencio
propio de otros mundos.
Los frailes del convento, tras presenciar tan
fantasmagórico espectáculo, regresaron a la iglesia, y allí, en medio del coro,
encontraron muerto al joven fraile que se había atrevido a cuestionar la
decisión de la comunidad de no volver a celebrar la festividad de la Virgen del
Carmen.
Diez días después, el 25 de julio de 1835, una multitud
descontrolada, asaltó - entre otros - el convento de los Carmelitas Descalzos
de San José, incendiándolo y asesinando a todos los frailes que no pudieron
huir con suficiente rapidez.
Desde entonces, y a pesar de las modificaciones que ha
sufrido el lugar, se dice que la noche del 15 de julio de cada año, en el
mercado de La Boquería, se oyen unos cánticos misteriosos de procedencia
desconocida.
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